martes, 12 de octubre de 2010

De los pequeños empresarios en tiempos de crisis….y de su puta madre. (sin pretensiones de intelectual)

Intro: Hace no demasiado escribí esto, que me parece hoy, aún más vigente))))

Hubo un tiempo en que España se llenó de pequeños empresarios. Ligados casi todos como se sabe, a la industria de la construcción; mucha gente se vinculó de alguna manera a este mundillo. Desde albañiles, fontaneros, electricistas, instaladores; hasta bares y distribuidores de papel de albal (papel metálico, para universalizar el término). No hizo falta demasiada preparación ni experiencia.

Avalados en épocas de bonanza por créditos bancarios accesibles, inyección monetaria de la UE, y demanda en auge de casitas en el reino del sol; muchos se equiparon de la bien conocida “furgona” y se armaron de cuadrillas de trabajadores a sus órdenes, a los que pagaron en su día mejor que en cualquier otra actividad.

La gallina de los huevos de cemento permitió que los ideales de tanto intelectual de antaño parecieran realizarse. Igualdad para todos. Entiéndase: igualdad en el consumo. Y todos (empleados y empleadores) accedieron a su hipoteca, a sus coches de primera, a sus pilchas impecables, a sus hijos con motito, a, a, a, ……..

No importó que la actividad estimulara el más pronto abandono escolar, por ejemplo. Educación obligatoria hasta los 15, 16 y después a currar. Bocadillo en mano y a la obra. Los muchachos. Las chicas….simplemente a seguir la ola.

No importó contratar mano de obra en negro. “La multa, si es que te cae una inspección, es menor que lo que habría que pagarle a la seguridad social” (no me lo contaron, lo escuché). Y como la asistencia es gratuita de todos modos, y como a fin de mes cobro “una buena pasta”, y como tengo cero concepto de que existe el futuro, o no puedo pensarlo cuando llego con lo justo a fin de mes y como en mi país ganaba una miseria y por lo menos tengo trabajo, y,y,y,…….Ni siquiera medidas de seguridad en el trabajo muchas veces; sino, preguntarle a los familiares de más de un accidentado.

Ni que hablar de la calidad y el control. Me animo tal vez a hablar de más y me hago cargo. En pleno auge del neoliberalismo, el estado miró para otro lado, y los empresarios hicieron la suya, A troche y moche, sin escrúpulos. ¿A qué venía esa idea anacrónica de un Estado metiendo la nariz, marcando los límites, estableciendo controles? “Satanás hazte a un lado que lo que pega ahora es la ley de la oferta y la demanda!!”

Y los españoles prosperaron claro. España es tan variopinta amigos, que me voy a limitar a lo que conozco, a lo que he vivido. ¿Pongamos, desde Torrevieja hasta Valencia por poner un límite?

Los nuevos ricos florecieron junto a los almendros, y junto a los españoles algún guiri bien afincado vivieron años de excesos. Vamos a poner lujos, en vez de excesos. Que una casita en el campo, y un coche de lujo, y unas vacaciones adonde plazca, no tienen por qué ser entendidos como excesos, sino más bien como lujos que te da la vida cuando te rompés el lomo, y forjás tu empresa, y te va bien, y tenés suerte. Ah, Momento. O te endeudás sin límite, o te convertís en ladrón de guantes blancos.

Que ahora llegó la crisis. Resulta que la nube de pedo se esfumó, que el globo se pinchó. Y que nadie se lo esperaba. ¿Qué queda de todos estos castillos en el aire? A la vista millares de viviendas deshabitadas a lo largo y ancho de la comarca. En cada rincón, en cada colina, hasta cada barranco.

Centenares de construcciones de relativo lujo, que se inundan con cada lluvia, se despedazan con cada ventisca, se agrietan, se humedecen, se rajan.

Y el comienzo del “ajuste”. Y resulta que mi abuelita decía que el que ahorra tiene para el invierno; y que el que no derrocha tiene para cuando hace falta.

Y los pequeños empresarios, a los que hacía referencia se toparon con “el parón”. Y estos señores, en todo su derecho de haber gastado sus dineritos en lo que quisieren, no tienen más de dónde tirar. Pero ninguno se ha bajado un ápice de su Standard de vida, ni uno. No me he enterado de ninguno de ellos que pusiera en venta uno de sus coches, ni que se mudara del chalet al pisito, ni que dejara de irse de vacaciones…..puede ser Suiza o Eurodisney, que para más no da.

Solo queda achicar costes. Es decir, reducir personal, o lo que es peor, exprimirlo para maximizar beneficios.

En tiempos de esclavitud como sabrán; los esclavos, no eran considerados personas sino cosas, es decir, factibles de tener propietarios, de ser propiedad de alguien. Por lo tanto con un valor para ser comprados o vendidos.

Estamos en presencia de un nuevo concepto de esclavitud, en el siglo XXI. Entonces, como producto del diseño del sistema, están los dueños de las empresas, y los trabajadores de las mismas. Lo que estos pequeños empresarios, enanos empresarios, no entendieron, es que el siglo XIX y el XX ya pasaron, con toda su gesta de reivindicaciones sociales y laborales bien ganadas. Que le trabajador no es una propiedad, y que su empresa, buen señor, funciona y ha crecido, gracias a su pequeño ejército de currantes que cada día dejan más horas en su propiedad que en la propia, es decir en el hogar.

Que fomentar el endeudamiento de sus trabajadores para con usted, es desleal. Es dejarlos atados del cuello. Que pretender no disminuir la producción aumentando las horas de trabajo sin incrementar los salarios, es desleal. Que aún a costa de incrementarlo lo es. Que 10 hs. Por día no se trabaja más hace un siglo. Que ajustar los salarios hasta límites poco decentes, aún restringiéndose a lo que dicen los famosos convenios, es injusto. También porque los convenios lo son.

Que es indigno, y vergonzante apropiarse no solo del trabajo de sus empleados, sino también de su tiempo, y pretender aún de su pensamiento.

Pero hay algo más.

Además de indignas e injustas, muchas medidas son ilegales. Y la crisis les habrá permitido apropiarse de sus empleados, de sus tiempos, de su capacidad, de su alegría, de su ilusión. Pero de su pensamiento no, esténse seguros.

Entonces, nos cansaremos de tirar del carro. Y nos acusarán de traidores. Y nos habremos sacado la camiseta. Pero todavía tendremos tiempo de preguntarnos si tanto pequeño empresario nacido de la noche a la mañana, habrá hecho su fortuna a costa de deslomarse, como sus trabajadores cada día. O si habrán creído que robar de a poco no es robar, que robarle al Estado no se condena, que robarle a los grandes se justifica.

Y entonces nos convenceremos de que además de insignificantes y mala gente, no han sido limpios. Y que nosotros, casi todos, dormimos cada día tranquilos.

Y nos comeremos nuestra bronca, y nos seguiremos endeudando para salir de las deudas, y entraremos y saldremos mil veces de cada crisis. Pero al final de cada día, miraremos a nuestros hijos a los ojos con transparencia. Que no da de comer, pero reconforta el espíritu.

Disculpen lo llano de estas palabras, que salen simplemente de lo más profundo de mi estómago. Que escupo simplemente desde mi más profunda náusea. O sea.

P.D: Supongo que el fenómeno es más global que español, no es cuestión de bandera. No pretendo ofender a la tierra que me recibe sino atacar a este espécimen apátrida, mediocre y mugre.

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